Grandes Maestr@s de la Fotografía
David Santaolalla

«Eugène Atget y Berenice Abbott »
Precursores de la fotografía callejera

El martes me llegó el pedido de Armazón: una máquina del tiempo. Me pasé el resto del día terminando de montarla. Es más grande de lo que esperaba y tiene el aspecto de uno de esos viejos «fotomatones», con su taburete regulable y su cortinilla. 

A continuación me leí de cabo a rabo las instrucciones (afortunadamente, junto al manual en chino mandarín, viene una copia en inglés. Menos mal, porque yo soy más de cantonés que de mandarín).


«Linda Eastman»


No, Linda no era la rica heredera del imperio Kodak.

George Eastman, aparte de fundador de la empresa Kodak, fue el inventor del carrete fotográfico y responsable de la primera patente de cámara fotográfica de carrete. Pero George y Linda sólo compartían apellido y pasión por la fotografía. No eran familia.

Linda nació en 1941 en el estado de Nueva York, en el seno de una familia judía americana. Estudió Bellas Artes en la universidad de Arizona.


El humor cotidiano
« René Maltête»


Caminando por las calles del viejo París me encontré por casualidad con el espíritu del fotógrafo René Maltête.

– Yo estuve por aquí entre los años 1930 y 2000 – me comentó nostálgico – ¡Qué tiempos aquellos! Siglo XX.

Me llevó de la mano por los barrios periféricos, con calles en obras y señoras haciendo la compra. A través de sus ojos la realidad se transforma. Lo cotidiano se convierte en extraordinario.


Vidas paralelas:
« Dorothea Lange & Cristina G. Rodero»


En el siglo primero de nuestra era, Plutarco escribió varias biografías de personajes famosos que agrupó por parejas. Sus famosas «Vidas paralelas» confrontan un ilustre militar o político griego con otro romano cuyo carácter y destino son comparables.

Siguiendo el ejemplo de ese autor clásico, presentamos hoy las vidas paralelas de dos Maestras de la Fotografía. Una americana y la otra española, pero ambas con un prestigio reconocido universalmente.

«Elliott Erwitt»



El hombre entró en la habitación con una peluca en la cabeza. No era un bisoñé, era una peluca de mujer, de mujer mayor, con rizos de peluquería. Y con aquellas gafas grandes, como pantallas de televisor antiguo y tan serio, nos dejó a todos boquiabiertos.

Se puso detrás del trípode y nos dijo que miráramos a la cámara. Cuando estábamos todos concentrados, sacó una bocina del bolsillo y la hizo sonar. Todos nos reímos, y fue entonces cuando pulsó el disparador de la cámara.